Tiempo final

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El reloj amarrado a los explosivos sigue su paso descendente. 87… 86…

—¿Cuánto vale tu vida? —Me pregunta.

Y no tengo respuesta.

60… 59…

«Me irá a doler».

—¡Debo reconocer que tienes huevos, compadre! —dice mientras abandona la pieza y cierra la puerta.

Un sudor frio recorre mi frente y cae por mis ojos, haciendo que mi visión sea borrosa.

15… 14…

Tomo mi último suspiro y me regocijo pensando que conmigo se termina todo. Si algún consuelo me queda es que no me quebré, esos desgraciados jamás tendrán la localización del crío, yo me voy en un instante, el muchacho sufrirá mucho antes de alcanzarme.

7… 6…

Me siento extrañamente calmado, relajado. Cierro los ojos y pongo mi mente a divagar, pienso en ella y  lo mucho que me… ¿amó, odió?

La pantalla marca 1… Cierro los ojos y espero, por una redención que sé, no va a llegar.

 

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Reto de fin de periodo en #Literautas, un micro de 150 palabras.

Jan y Juu

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Jan tumbó el costal. Con malestar, señaló el letrero a Juu. “Prohibido el paso”. De seguir así, pronto les sería imposible entregar la leña. Pasó el saco por la cerca, luego se deslizó por debajo del alambre de púas. Su camisa se rasgó y el metal cortó su piel. La sangre le resbalaba por la espalda. Recogieron su carga y reanudaron el paso, sin darse cuenta que Vlad, el vampiro, ya había percibido su aroma. Caro pagarían el error de haber ignorado el letrero.

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#Reto5Líneas (Tumbó, malestar y señaló) Visito una vez más, el mundo de los chupasangre. Espero les guste.

Agradezco a Adella su distinción a mi blog.

Las imágenes no son de mi propiedad.

José

 

La prieta (ciclos)

 

20170520_101711En la vida hay ciclos, algunos de más, otros de menos duración. Somos obstinados los que pretendemos que las cosas sigan igual siempre. Hace como quince años, me comprometí conmigo a buscar una camioneta que llenara todas mis expectativas. Así, un día desperté con la certeza, de que quería una Toyota 4Runner 1997, con tumba burros y quemacocos de ser posible. Hice lo que nunca, tomé el clasificado y me puse a buscar. Pasaron un par de días y por fin salió, justo como la había imaginado, marca y modelo. Fui con el gerente de la empresa a verla, la revisamos minuciosamente. Era todo y más de lo que había yo imaginado. Color negra, tumba burros… Simplemente ERA mi camioneta.

Ahí empezaron los problemas. Yo disponía de cierta cantidad y el dueño me pedía casi mil dólares más. Imposible negociar, estaba firme en su precio. Con todo el dolor de mi corazón, tuve que aceptar, que en la vida siempre tendremos alegrías y decepciones, y yo tenía que aceptar que mi alegría por haberla encontrado, se transformaría en decepción al no poder costearla.

«Ya saldrá otra» dijo mi papá y ante la rotunda negativa, pues agarramos camino.

Los que me conocen saben que no soy nada aferrado (ajha), así que naturalmente, la camioneta, a la que yo ya llamaba “La Prieta” se volvió mi obsesión. Cada día revisaba el periódico para ver si seguía anunciada y respiraba tranquilo al ver que aún no la habían vendido. Las cosas en el trabajo no iban bien y como siempre pasa, la rutina y los problemas avasallaron mi existencia y bloquearon la idea de la camioneta.

Un tiempo después, aproximadamente mes y medio, tal vez dos. Me fije en el periódico y vi que seguía en venta. Le hablé al muchacho y me dijo que podíamos negociar. Junté mi dinero y rápido me fui a por ella. No lo podía creer, estaba cerca. Cuando llegué, el muchacho tenía otra actitud, aparentemente nadie le había llegado al precio y pues a regañadientes acepto mi oferta, que era 800 dólares menor a lo que el pedía. Firmamos los papeles y me subí a mi prieta, al fin era mía. Para el anecdotario, estando yo todavía ahí, llegó otra persona con el dinero para la camioneta, pero pues yo ya había cerrado el trato, el destino o no sé qué, pero yo supe desde siempre que era mi camioneta.

Por más de doce años ha sido mi compañera; como todo mueble Toyota, los problemas y reparaciones han sido mínimos. Con decir que al día de hoy, nunca tuve siquiera necesidad de bajar la llanta extra. Muy, muy noble mi prietita. Hará un par de años que le di una renovación completa, tapicería y carrocería, quedó como nueva y según mis planes para siempre mía, lo que hace todavía más difícil el desprenderse de ella.

 

Las cosas a nivel laboral han mejorado mucho desde entonces GAD y la compañía está en buen momento. Por motivos de trabajo, ahora manejo un carro sedan y mi pobre camioneta ha sufrido de abandono. Intenté convencer a mis padres de que se quedaran con ella, pero la obstinación de mi madre impidió cualquier negociación, así que ahora llego a éste momento agridulce, en el que tengo que decidir si la sigo conservando, aun sabiendo que no se moverá mucho, o si la pongo en el mercado para que le sirva a alguien más tan bien como me sirvió a mí.

No es una decisión fácil. Esa camioneta significa mucho para mí, pero también entiendo que de seguir como esta, perderá todo su valor estacionada. Hoy la pongo en venta y me gustaría darle prioridad a gente conocida que le interese un buen mueble, antes de llevarla a un lote dónde, seguro se venderá, pero ya no la volveré a ver.

La vida sigue.

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Reproducción controlada

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Las sombras cubren las paredes desnudas de su departamento. Oficialmente tenía edad de reproducción, veinticinco años. El autómata de pie frente a su cama, lo ha pedido rubio y musculado. Una fantasía estúpida, lo sabe, pero no se ha podido resistir. Lo observa a través del plástico que lo cubre. Sus facciones son lindas y su cuerpo es perfecto. Se levanta y lo descubre, lo examina de cerca. No está activado, el control en la mesa, junto al grueso folleto de instrucciones.

1.- Descubrir el modelo y comprobar número de serie con el de su orden.

2.- Revisar el reporte genético y de ADN del semen.

3.- Variaciones de hasta 3 % son perfectamente aceptables.

4.- Revisar que el espécimen este cargado al 100 %. Omitir este paso puede resultar en resultados no óptimos.

5.- Un mínimo de tres interacciones es necesario para incrementar la posibilidad de éxito.

 

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La ballena (+18)

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Tenía todo previsto, preparado. No se había dejado un lado sin revisar. El evento revestía la mayor importancia. Solo en el escenario, repasaba sus notas. No podía dejar nada al azar. Revisó los primeros 49 puntos, estar tan cerca le generaba una sensación que le subía del estómago hasta la garganta y le hacía querer gritar. Cuando el auditorio estuvo lleno y pendiente de sus palabras, sacó la pistola y se disparó en la sien. Reto 50 cumplido.

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La curva

 

Susana esperaba, como todos los domingos, sentada sobre la lápida del lote sesenta y ocho del panteón municipal. Es una parte importante del cementerio. Mucha gente famosa reposa en esta tierra santa. Con mano enguantada pasa los dedos sobre las letras que deletrean el nombre del finado que yace en ese lugar y siente cómo la pena amenaza con romper su pecho una vez más.

Una familia se acerca, el niño más pequeño le dedica una gran sonrisa que ella devuelve sin estar segura de si podrá traspasar su velo.

Conforme transcurre la mañana, más y más familias visitan el lugar, algunos platican con sus muertos, otros aún los lloran. Todos llevan flores y algunos hasta viandas que depositan sobre las frías losas.

—¿Por qué estás tan triste? —le pregunta un niño de no más de diez años.

—Lo extraño mucho —contesta mientras vuelve a acariciar la losa.

—¿Era tu novio? Yo ya tengo novia, se llama Meche y es la niña más alta de la clase, y es así de bonita —dice abriendo los brazos de par en par.

Antes de que pueda contestar, una señora llama al niño, que corre a su encuentro mientras se despide de ella con un movimiento exagerado de su mano.

«¿Mi novio?»

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