El bosque, la noche y la 45

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El bosque estaba ahí, esperando.

La vereda casi invisible se adentraba en la oscuridad. Los sonidos de las ramas, acariciándose unas a otras por el viento, compiten con la incesante cacofonía de los animales nocturnos.

Un paso a la vez va venciendo el miedo. Los fantasmas son solo árboles.

Sujeta con fuerza su canasta, siempre atenta a su entorno.

El ulular de un par de búhos la sobresalta y suelta la canasta. Ahí entre las rocas esta la abuela. Con dificultad la pone de pie y se encaminan a la cabaña.

Del canasto saca la 45. Será la última vez que le tema al lobo.

#EscuelaDeEscritores

De sombrero calado

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Después se extinguían silenciosamente. Al apagarse las velas, permitían que la oscuridad lo cubriera todo. La gente, en silencio, abandonaba el recinto. El lugar se tornaba frio, en la esquina, tendido en la caja, el tío Matías.

Murió como vivió, a lo loco. La crecida del rio se le hizo poca para salvar a la Matilda. Los que lo vieron pelear contra la corriente le aplaudían mas ninguno se atrevió a ayudarlo. Tan calado usaba el sombrero, que cuando encontraron su cuerpo, kilómetros rio abajo lo tenía, firmemente ceñido a la cabeza. La mula Matilda se salvó y ahora hala el carro de elotes.

Día y noche

Descansaba durante el día.

¿La noche?

Su mundo.

Su escenario.

¿Y él…?

¡El protagonista!

Diligente mantiene el orden, nada queda por arreglar, por limpiar. Canta, baila, recita monólogos. Se convierte en estrella fugaz, como las que su trabajo le impide mirar.

Apaga las luces.

Se acuesta en el templete y sueña con ella, con su sonrisa, con el roce de su mano. La oscuridad lo envuelve.

Escucha un ruido, revisa la hora.

¡Es ella!

Se levanta y va a abrir la puerta.

Sonriente le entrega las llaves y se despide, igual que siempre, sin decirle que la sueña todas las noches.

Afuera, sale el sol.

Cuando muere un sueño

¿Qué pasa cuando muere un sueño?

¿Cómo se sigue el proceso de luto cuando no hay tumba que visitar ni nicho que adornar?

¿Qué sucede con nuestras ganas, con el ímpetu derrotado mientras lo miras exhalar su último aliento?

¿Qué pasa con el viudo?

¿Cómo seguir andando?

El camino hacia adelante solo ofrece oportunidades, que su espíritu está muy dañado para observar.

¿Quién cuida a sus deudos?

Y así, una mañana, después de la más terrible noche de insomnio te das cuenta que el sueño perdido se llevó más de lo que pensabas. Se llevó tu capacidad de soñar.

Levantas los puños hacia el cielo, maldiciendo tu suerte y entonces la escuchas; es la risa de un niño. Esta frente a ti e imita tu gesto desafiante al cielo. Se pone de puntitas y sus puños tiemblan del esfuerzo que hace.

No te dice nada, no te pregunta nada y tú sientes una mezcla de sorpresa y coraje.

¿Cómo demonios se atreven a interferir con tu dolor?

Sus grandes ojos cafés penetran en tu alma, taladran la coraza que has intentado construir alrededor de tu corazón.

Te sonríe y notas que le faltan dos dientes. Tus defensas caen y te hincas para saludarlo.

—¿Quién eres? —. Te pregunta.

Y de la nada encuentras tu voz.

—Soy un alma perdida que no encuentra el camino a casa.

Te mira seriamente, se lleva la mano a la barbilla como tratando de asimilar tus palabras. Inconscientemente te llevas la mano a la cicatriz que recorre tu mejilla.

—Entonces, ¿qué ganaste?

La pregunta te sorprende y tratas de ver la situación a través de sus ojos.

—¿Por qué dices que gané?

No te contesta, solo levanta los puños al cielo y corre a tu alrededor. Tu cuerpo se llena de calor y muy a tu pesar, ríes.

El niño te mira y se une a tu risa que pronto se convierte en carcajadas. Levantas los puños y corres en círculos igual que él. Lagrimas humedecen tus mejillas, pero las agradeces porque son de felicidad. Ha muerto tu sueño y en este momento lo acabas de superar. Un acceso de tos te hace detenerte y buscas a tu amigo, pero ya no está.

Te asustas. Recorres el parque con mirada frenética; quieres gritar y entonces lo ves. Va de la mano de un señor mayor, lo escuchas llamarlo abuelo. Hay algo familiar en su andar, los ves detenerse y voltear a mirarte,  el adulto inclina la cabeza mientras se lleva la mano al sombrero en señal de saludo y sabes que vas a estar bien. Sobre la mejilla derecha del anciano, corre tu cicatriz.

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Las historias son extrañas, habitan en tu subconsciente, rondan y rondan sin lograr materializarse. Tratas de atraparlas y ellas, esquivas, frustran tus esfuerzos. Entonces pasa algo, una palabra un sonido o tal vez un olor, ralentizan a una de ellas y, desprevenida, la tomas por el cuello y no la dejas ir.

La pregunta “¿qué pasa cuando se muere un sueño?” Me daba vueltas en la cabeza, evitaba que me concentrara en el trabajo diario. Un par de veces me di cuenta de que la gente estaba esperando una respuesta de mi parte y me da pena admitir que no tenía ni idea de la pregunta. Una gran amiga acaba de perder a su madre; pensar en ellas me hizo pensar en mi papá, que este 6 de junio cumplirá tres años ausente. ¿Qué pasa cuando muere un ser querido, un sueño?  ¿Cómo sigues andando? Este fue el tren de ideas que me llevo a escribir estas letras que espero les gusten.

José Torma

Ahora o nunca

Las aguas del mar se tiñen de rojo mientras el sol se oculta en el horizonte. Viviano tiene un problema, es tímido. No tiene la fuerza para decirle a San Juana sus intenciones. La mira por el rabillo del ojo, y siguen caminando sobre la arena. Es incapaz de seguirle la plática, su cerebro da vueltas y vueltas, hasta que nota el silencio. Ella se ha quedado callada. ¡Es ahora o nunca! Carraspea limpiándose  la garganta y pregunta; ¿Tendrás el dinero que me debes?

#Reto5Líneas mes de mayo (problema, fuerza y ojo).