Contigo

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Contigo, el síntoma no tiene referencia. Comienza el mareo y la falta de aliento, la vista se nubla y se pierde la razón. El habla tartamudea y empiezan a sudar las manos. El aire se llena de tu perfume e inunda los pulmones. El silencio se quiebra con el sonido de tus tacones que retumba en mis oídos. Estoy perdido y lo sé. Todos los días a las siete, pasas a mi lado y me trastornas. Lástima que tu mirada altiva, jamás me mira pidiéndote una limosna de amor.

 

#Reto5Líneas Octubre (Contigo, síntoma y referencia)

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Los girasoles

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El cuerpo del soldado yace sobre el campo florido. El rojo de su sangre baña la tierra. A su alrededor el fragor de la batalla no disminuye. Lleva su mano a la herida en fútil intento de contener la hemorragia. Levanta la vista al cielo, rogándole a un dios que no le escucha, un dios que lo abandonó en medio de líneas enemigas, que termine con su vida, que no permita que sea capturado. Un golpe sordo lo saca de su ensimismamiento. El cuerpo de un compañero cae sobre sus piernas, su cara una masa amorfa que lo mira sin ver. El grito de terror muere en su garganta. A pesar del calor, siente frío en sus extremidades. Retira la mano de su herida e intenta mover al soldado.

El sonido de las balas y las bombas enemigas sigue inundando el ambiente, pero él ya no escucha, ha aceptado su suerte y sabe que ese día morirá. Su cuerpo descansará en ese campo que sus manos trabajaron solo unos meses antes. Arranca una flor y la pone sobre el cadáver.

Se incorpora un poco y la imagen lo horroriza. La sangre y la muerte cubren el campo de girasoles, que solo unas horas antes, lucían orgullosos su mejor sonrisa bajo el sol.

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Con este texto, regreso a participar en #Literautas, después de una ausencia debida a motivos personales y familiares que me impedían concentrarme en escribir una historia. “Paso a paso” reza el adagio y espero este micro sea el camino para volver.

Agradezco su visita.

José.

T O C

Anastasia recorrió el camino mientras contaba con los dedos los pasos que le faltaban por caminar. El hecho innegable era que se quedaría corta, le faltarían más de cincuenta y quedaría a merced del primero que pasara. Los números del móvil la aterran y solo ruega que sea su hermano o su padre el que salga a su encuentro. La noche anterior durmió en medio de la acera, cuidando de no tocar líneas. Le queda claro que el medicamento no está funcionando.

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El inicio

Él nació antes de que las páginas del libro fueran encuadernadas. Su tiempo no responde a nadie ni sigue ningún lineamiento, simplemente es. Toma la pluma dorada y con gran parsimonia escribe. Su pulso es firme y de la punta fluye una tinta azul. El libro se va llenando: una tras otra, las hojas pierden su blancura para dar paso a las palabras. Cuando termina, se despereza. Sus ojos brillan con la lumbre del infinito, mientras sigue contemplando el plan de la creación.

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Cobrar vida

El estante es viejo y sucio, es el único mueble en la habitación. Un solo manuscrito en él, sus páginas viejas llenas de aventuras que jamás vieron la luz. El libro nació muerto, aun antes de que la editorial cerrara sus puertas. El escritor, ante la noticia, había perdido la razón. Su estudio abandonado resistió la rapiña del 7 de octubre. Ahora, abandonado, es explorado por los niños del barrio. Hoy es el día en que todo cambia: Juan lo encontrará y por fin la historia cobrará vida.

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Sin límites

El niño corre tras las páginas que el viento arrebató de su mano. Ríe mientras, una y otra vez fracasa en el intento. Su madre lo mira y suspira. Joaquín nació con deficiencia visual, pero jamás ha ralentizado su vida: grita, corre, brinca y salta, sin percatarse de la angustia de sus padres. No tiene límites y a diario va más allá. Luego está arriba del árbol y al siguiente minuto le jala la cola al perro. Su hermano, al mirarlo, por fin suelta la tableta y se decide a jugar con él.

 

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Confusion

María José revisa las páginas, su vida tiene un antes y un después. Roberto se lo había dicho en un momento de ira y ahí estaba la prueba: cuando nació su nombre era José María. En un legajo de papeles médicos está la ficha… “Hermafroditismo”. Su hermano le pide perdón por decírselo. «Papá te quería macho, pero pronto se notó que eras más hembra». En silencio se retira del cuarto. Su mente es un caos, ahora sabe que no es lesbiana. Tiene que contárselo a Marcela.

 

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