Marlon

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—¡Era más que un simple robot!

—Lo era, pero ¿de qué sirve eso ahora?

—¿Recuerdas cuando lo puse sobre la mesa? No sabias que decir ni que esperar. Deslizaba mi dedo por la pantalla del teléfono para guiarlo hacia ti.

—Para, Juan, seamos serios un momento.

—Sí que te reíste cuando llego al extremo de la mesa y pudiste distinguirlo… ¿recuerdas que me dijiste?

—¿Vas a firmar o no? Francisco me está esperando.

—El sonido de tu risa llenó el restaurante y todos voltearon a vernos cuando gritabas ¡si, acepto!

Sonia guardó silencio, era obvio que su pronto a ser ex marido, no estaba ahí del todo. Claro que recordaba el momento y la alegría que sintió cuando el maldito robot le entregó el anillo. Dos años de noviazgo habían sido suficientes para saber que era el hombre de su vida. Detalles como ese, fueron la constante durante el cortejo y cuando finalmente decidieron vivir juntos, “Marlon” pasó a ocupar un lugar de honor en la repisa del comedor.

 

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Sofía y Cayetano

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Mazatlán Sinaloa, México.

Diciembre 2016.

Marcela observaba a su hija desde la sombra de la palapa. El sol estaba fuerte en aquella tarde pero la chiquilla parecía inmune a él.

Con su bote y su pala, se afanaba en construir castillos donde caballeros y princesas vivían emocionantes aventuras. Sin lógica alguna, Rapunzel interactuaba con Bella a la vez que Gastón y Flynn Rider peleaban por el amor de ambas.

Se dejó llevar por su novela rosa, finalmente el jardinero haría suya a la dama, cuando notó que su hija había dejado de hablar. Asustada, la buscó con la mirada, solo para encontrarla sentada en una de las mesas con una lata en sus pequeñas manos.

—¿Qué tienes ahí, Lucía? –preguntó intrigada.

—¡Un tesoro! —gritó jubilosa.

 

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Amor imposible

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Por el pavimento caliente, camina alegre Julián. Lleva dos rosas, una blanca y una roja. Sabe perfectamente que lograr el amor de Romina será más difícil que la subida que se avecina; pero no le importa. Entiende porque los padres de su amada lo desprecian y no aprueban su amor. Sonríe, allá donde la calle vuelve a ser horizontal, cuidándose en la sombra esta su destino.

—¡El negro y la albina son novios! —gritan los mocosos al verlos estrecharse las manos

 

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El garabato (capítulo 3, parte 2)

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Javier se levantó temprano, tenía mucho trabajo en la cocina. Rosario le había encomendado una misión “especial”, llevarle el desayuno a la invitada especial de la patrona. Era la oportunidad que estaba esperando. Un par de veces vio a Marco y a Marcial caminando por los pasillos, pero hasta ahora había sido capaz de eludirlos. Marcial le inspiraba más confianza que Marcos. Las manos le sudaban y tenía a punto el lápiz. A la menor señal de peligro, correría a buscar a su hermana y escaparían juntos. Tal era su plan esa mañana lluviosa.

La cocina estaba a todo vapor preparando los alimentos: en una mesa, encontró una charola con un poco de pan y café. Rosario se le acercó y le entrego una llave.

—Estoy confiando en ti, muchacho. No me falles —dijo mientras le ponía un plato de huevos en la charola—. No debes hablar con la señora, ni establecer ningún tipo de contacto con ella…

—¿Acaso es peligrosa? —preguntó intentando aparentar sorpresa y complicidad.

—No hagas preguntas, ahora apúrate.

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Memory lane

campamento

Con paso lento, el poeta recorre el campamento abandonado. Las viejas cabañas se sostienen precariamente. La hierba, sin ningún tipo de control, inunda las veredas y ensucia sus recuerdos. Siente el peso del libro inconcluso en su bolsillo, pesando como ladrillo. Cuánto desea no haberla perdido: la musa lo había olvidado y el temor se ha apoderado de su vida.

Sostenido apenas por un clavo, el número ‘5’ se balancea sobre el dintel, la vieja madera cruje bajo su peso. El rechinido de la puerta al abrirse lo regresa a su niñez. Cuatro años había asistido al campamento “Nuráami[i]. Los más felices de su vida. Aquí no era huérfano, no tenía medios hermanos y sobre todo, no era el único escritor y poeta. Siempre fue un niño tímido, la muerte de su madre había marcado su vida y la llegada de su madrastra lo había relegado a la introspección, su escape eran las letras. Las historias que salían de su mente lo transportaban a mundos donde no era él, ahí donde su valor no se veía disminuido por el acoso del que era víctima en su hogar.

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Músico callejero

Track sugerido para leer este relato. Los derechos de la música así como de las imágenes en el video no me pertenecen.

Feels so good

 

Músico Callejero

musico callejero 2

El abuelo sonreía al ver la cara de asombro de su nieto. Muchacho torbellino, siempre andaba saltando y brincando. Lleno de una vitalidad que él envidiaba. El músico llegó y se instaló bajo la sombra de un gran álamo. Sacó su instrumento, puso su atril y acomodo sus partituras. Una vieja franela roja le sirvió para limpiar la boquilla que cuidadosamente colocó en su lugar. Puso su viejo sombrero frente a él, colocando un par de billetes que sirvieran de gancho. Elevó su mirada al cielo y llevó la trompeta a su boca.

Miguelito no se había percatado de nada de esto, ocupado como estaba persiguiendo mariposas, fingiendo ser un “ninosauio”.

Las primeras notas empezaron a inundar el parque y el niño se detuvo. Curioso buscaba el origen del sonido.

—Abuelo, ¿qué suena? —preguntó mientras lo tomaba de la mano.

trompetista

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La sonrisa

Con aire cansado observa a la pareja acercarse al ascensor. Cinco años lleva ya con el puesto de revistas, mismos que los ve discutir “amigablemente” por el crucigrama del diario.

—¿Cuarto estomago de rumiante? —pregunta él con voz débil.

—No soy diccionario, entiéndelo, si me gustara el bendito juego, lo resolvía yo sin tu ayuda.

—Vamos gordita, sé que tienes la respuesta en esa cabecita tuya.

—¡Abomaso! —le grita jugando.

No los conoce de nada, pero entiende su dinámica. Jamás se han detenido a comprarle algo. Ella le sonríe de vez en vez, él nunca lo ha mirado. Cientos de historias se desarrollan frente a sus ojos todos los días, sin embargo, esta pareja tiene algo especial, algo que le atrae. El sonido de la campana anunciando el arribo del coche lo saca de su ensimismamiento. La chica nota su mirada y le dedica una sonrisa fresca que llena su espíritu. La conexión dura 2 segundos, luego las puertas se cierran y solo queda su reflejo distorsionado en la puerta de metal.

*****

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