El garabato (capítulo 3, parte 2)

Resultado de imagen de escape

Javier se levantó temprano, tenía mucho trabajo en la cocina. Rosario le había encomendado una misión “especial”, llevarle el desayuno a la invitada especial de la patrona. Era la oportunidad que estaba esperando. Un par de veces vio a Marco y a Marcial caminando por los pasillos, pero hasta ahora había sido capaz de eludirlos. Marcial le inspiraba más confianza que Marcos. Las manos le sudaban y tenía a punto el lápiz. A la menor señal de peligro, correría a buscar a su hermana y escaparían juntos. Tal era su plan esa mañana lluviosa.

La cocina estaba a todo vapor preparando los alimentos: en una mesa, encontró una charola con un poco de pan y café. Rosario se le acercó y le entrego una llave.

—Estoy confiando en ti, muchacho. No me falles —dijo mientras le ponía un plato de huevos en la charola—. No debes hablar con la señora, ni establecer ningún tipo de contacto con ella…

—¿Acaso es peligrosa? —preguntó intentando aparentar sorpresa y complicidad.

—No hagas preguntas, ahora apúrate.

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Memory lane

campamento

Con paso lento, el poeta recorre el campamento abandonado. Las viejas cabañas se sostienen precariamente. La hierba, sin ningún tipo de control, inunda las veredas y ensucia sus recuerdos. Siente el peso del libro inconcluso en su bolsillo, pesando como ladrillo. Cuánto desea no haberla perdido: la musa lo había olvidado y el temor se ha apoderado de su vida.

Sostenido apenas por un clavo, el número ‘5’ se balancea sobre el dintel, la vieja madera cruje bajo su peso. El rechinido de la puerta al abrirse lo regresa a su niñez. Cuatro años había asistido al campamento “Nuráami[i]. Los más felices de su vida. Aquí no era huérfano, no tenía medios hermanos y sobre todo, no era el único escritor y poeta. Siempre fue un niño tímido, la muerte de su madre había marcado su vida y la llegada de su madrastra lo había relegado a la introspección, su escape eran las letras. Las historias que salían de su mente lo transportaban a mundos donde no era él, ahí donde su valor no se veía disminuido por el acoso del que era víctima en su hogar.

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Músico callejero

Track sugerido para leer este relato. Los derechos de la música así como de las imágenes en el video no me pertenecen.

Feels so good

 

Músico Callejero

musico callejero 2

El abuelo sonreía al ver la cara de asombro de su nieto. Muchacho torbellino, siempre andaba saltando y brincando. Lleno de una vitalidad que él envidiaba. El músico llegó y se instaló bajo la sombra de un gran álamo. Sacó su instrumento, puso su atril y acomodo sus partituras. Una vieja franela roja le sirvió para limpiar la boquilla que cuidadosamente colocó en su lugar. Puso su viejo sombrero frente a él, colocando un par de billetes que sirvieran de gancho. Elevó su mirada al cielo y llevó la trompeta a su boca.

Miguelito no se había percatado de nada de esto, ocupado como estaba persiguiendo mariposas, fingiendo ser un “ninosauio”.

Las primeras notas empezaron a inundar el parque y el niño se detuvo. Curioso buscaba el origen del sonido.

—Abuelo, ¿qué suena? —preguntó mientras lo tomaba de la mano.

trompetista

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La sonrisa

Con aire cansado observa a la pareja acercarse al ascensor. Cinco años lleva ya con el puesto de revistas, mismos que los ve discutir “amigablemente” por el crucigrama del diario.

—¿Cuarto estomago de rumiante? —pregunta él con voz débil.

—No soy diccionario, entiéndelo, si me gustara el bendito juego, lo resolvía yo sin tu ayuda.

—Vamos gordita, sé que tienes la respuesta en esa cabecita tuya.

—¡Abomaso! —le grita jugando.

No los conoce de nada, pero entiende su dinámica. Jamás se han detenido a comprarle algo. Ella le sonríe de vez en vez, él nunca lo ha mirado. Cientos de historias se desarrollan frente a sus ojos todos los días, sin embargo, esta pareja tiene algo especial, algo que le atrae. El sonido de la campana anunciando el arribo del coche lo saca de su ensimismamiento. La chica nota su mirada y le dedica una sonrisa fresca que llena su espíritu. La conexión dura 2 segundos, luego las puertas se cierran y solo queda su reflejo distorsionado en la puerta de metal.

*****

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Cordobita

Cordobita

Con paso lento avanza por el patio vacío. Conoce cada recoveco, cada árbol y cada banca. El espacio en su mente aparece poblado por el eco de las risas de los niños, sus juegos y pleitos los conoce bien.

Despacio y como pidiéndole permiso a sus piernas, se agacha a recoger una bufanda que, olvidada por su dueño, descansa sobre uno de los bebederos. Es innegable el paso del tiempo. El color rojo brillante se presenta de un café sucio, sin embargo lo deposita en su bolsa de tesoros.

El Colegio San Martín está por reabrir sus puertas. Otrora un centro de estudios para gente acomodada, vio como la revolución disminuía sus habitantes, al grado que la Secretaría de Educación se vio en la necesidad de cerrarlo. Pero doña Cordobita permaneció, haciéndose cargo del cuidado del inmueble.

Al principio le preguntaba al aire «¿dónde están los niños?», mientras recorría los pasillos; pero solo el aplastante silencio obtenía por respuesta.

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Noctámbulos de Edward Hopper

_Noctambulos-Edward-Hopper

Como cada noche, Luigi llega al Phillies, siempre solo. El cordial saludo de Sam poco hace para alegrar su caído espíritu. Se cala el sombrero mientras estudia a la pareja que tiene enfrente. Ella es una mujer muy bella. Su vestido rojo se ajusta de manera perfecta a las curvas de su cuerpo, tan pegado que le enloquece y le hace desearla más que el mismo aire que respira. Le ama, de eso no tiene duda, pero no está sola, nunca está sola y él es muy cobarde para acercarse. El tipo tiene las dos manos sobre el mostrador y, nervioso, evita mirarla. Ella le da una larga calada a su cigarrillo y cuando exhala, él inhala hasta sentir el humo en sus pulmones, su íntimo beso, su unilateral conexión secreta.

Sam rellena su taza de café mientras le regala una sonrisa de complicidad. Es su pequeño secreto, nadie más sabe porqué asiste al Phillies todas las noches, siempre con la esperanza, con la ilusión de que llegue sola, de poder hablar con ella más allá del casual saludo.

Pero esta noche hay algo diferente en el ambiente, la manera en que ella fuma y la forma en que el parece ignorarla, demuestran una incomodidad casi hostil que hace elevar la tensión en el pequeño café.

—¿En verdad me dejas, te vas? —escucha preguntar a Nick.

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El experimento

two suns

El cenit de los dos soles indicaba que era la hora exacta. Las fuerzas de la resistencia estaban en alerta total. El reino de las Macademias vivía sus últimos minutos

El mayor, José María revisó su traje por última vez, el Aerodeslizador marcaba 120 % de capacidad. Tendría que liberar la energía excedente, con el riesgo adicional que ello suponía. Con una última mirada tomó inventario de su equipo. Seis almas inocentes y dispuestas. En cierto modo se sentía el villano. Sabía que algunos no sobrevivirían el salto y los más morirían antes de que llegara la hora nona; pero no podía darse el lujo de sentimentalismos. El destino de la resistencia descansaba en el éxito de esta sola misión. El transpondedor vibraba en su traje. Tendría solo una oportunidad de lograrlo.

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