Tommy

kid-tommy

—Es muy fácil —Me dice Tommy, mientras se pone de pie.

—Solo agarras un poco de equilibrio, plantas el bastón y avientas tu cuerpo hacia delante y te apoyas con el otro. ¡Vamos, inténtalo!

Tengo que admirar su terquedad, desde que llegué al hospital, no hace otra cosa que seguir mi silla de ruedas a todos lados. Es un maestro en el uso de los bastones para caminar. «Soy una máquina» me dice, mientras me demuestra sus habilidades. Mi lastimado cuerpo intenta reaccionar ante su acoso, pero mis heridas son severas, tanto las físicas como las mentales.

—¿Entonces qué, te animas? —Me pregunta una vez más al ver mi titubeo—. Seguro que hoy lo logras.

Siete años tiene el mocoso y es la persona más alegre y llena de vida que conozco, sus maltrechas piernas no le detienen ni limitan su alegría, se cree un gran cantante, y no tengo el corazón para decirle lo contrario cuando canta las canciones de moda a todo pulmón.

—Cuando sea grande, ganaré el Festival de Viña del Mar —Me dice orgulloso.

—¿Acaso sabes tú dónde es Viña del Mar? —Le pregunto.

—No lo sé bien, aún no aprendo todo en la vida, pero mi mamá me mostró un mapa, está en el sur del mundo —dice emocionado.

kid-tommy-3

 

Se retira complacido con ese suave bamboleo que lo hace deslizarse como si estuviera patinando sobre hielo. Lo observo alejarse y siento un enojo indescriptible. Yo me merezco esta situación, pero ¿él qué hizo para estar así?

El doctor llega a revisar mis heridas…

—Señor Hernández, ¿qué tenemos aquí?  —Levanta la frazada y tengo miedo de mirar—. La cicatrización está perfecta, creo que es tiempo de que inicie los ejercicios de rehabilitación…

—Pero, ¿cómo podría si aún no me puedo levantar de la silla?

—Lo hemos platicado, sus piernas están bien y tiene la fuerza suficiente para caminar auxiliado por sus muletas. Me cuenta la enfermera que se rehúsa a intentarlo.

—Sé que no puedo, estoy muy débil aún —Trato de explicar sin estar convencido en realidad.

—Físicamente no hay problemas con sus piernas. El problema está en su mente.

Revisa mi expediente y hace unas anotaciones.

—Le voy a disminuir el analgésico y también el anticoagulante, pero es necesario que empiece a caminar. Le estoy haciendo la orden para fisioterapia. Hágase un favor y empiece a perdonarse, no fue su culpa, los accidentes pasan…

Siento que un torrente de lava asciende por mi esófago dispuesta a hacer erupción en mi boca.

—¡¿Usted qué sabe de nada?! —Le grito irritado— Mi mujer y mi hijo están muertos y me dice que no fue mi culpa, que fue un accidente.

Las lágrimas anegan mis ojos aunque lucho por contenerlas.

—Discúlpeme doctor, sé que tiene buenas intenciones, pero le agradecería que me dejara solo.

—Voy a pedirle al doctor Cienfuegos que venga a visitarlo.

—¿El loquero?

—Es nuestro psicólogo residente, estoy seguro que si colabora con él, empezará a sentirse mejor.

Registra alguna otra cosa más en mi expediente y sale del cuarto. Me sorprende escuchar una risa de niño en el rellano de la puerta…

—¿Qué haces ahí? —pregunto al darme cuenta de que Tommy está en la entrada.

—Cuando te enojas se te pone la frente roja y una rayita te brinca en el lado —Me dice mientras suelta una carcajada.

Sin esperar invitación entra al cuarto y se sienta en la silla.

—¿Tu hijo está en el cielo, verdad? —pregunta con suave inocencia.

—Quiero creer que sí, pero en momentos como éste, me es difícil creer en el cielo y en un Dios benevolente…

—¿Qué es “benovente”?

—Bueno, amoroso, cariñoso.

—¿Y por qué te sientes así? Yo pienso que esta con su mamá.

—Sí que eres un niño malcriado y preguntón —Trato de ser serio pero su mirada me desarma y fracaso en el intento.

—Mi madre dice que es parte de mi encanto. ¿Tú crees que Dios es malo?

Pondero unos segundos mi respuesta, la verdad es que ¿no sé qué pensar, no sé qué creer? Tal vez temo recuperarme porque eso implicaría salir del refugio que significa estar en el hospital, de tener que afrontar la casa sin su presencia. Cierro los ojos y revivo el momento en que escuché la explosión y los gritos de terror de María y de Ricky. La sensación de ingravidez mientras el auto volaba sobre la acequia. El punzante dolor en mis piernas prensadas por el auto. Ver en el suelo a mi hijo sin moverse, con sangre en su rostro, ignorar dónde está mi esposa. Sin remedio las lágrimas resbalan por mis mejillas. Siento una pequeña mano sobre mi brazo y abro los ojos para ver a Tommy subiéndose con dificultad a mi cama.

—No te quise hacer llorar, ¿me perdonas? —me abraza con fuerza y algo extraño empieza a pasar en mí. Siento un calor que emana de su pequeño cuerpo y que como ola de tsunami invade mi cuerpo y derrumba todas mis barreras. Le meso el cabello y lo beso.

—¡Gracias, Tommy! —Le digo mientras lo sujeto contra mi pecho—. Ya tengo tu respuesta…

Me mira con ojos curiosos.

—Dime entonces…

Lo abrazo de nuevo, ¿cómo explicarle lo que me pasa, lo que acaba de ocurrir en mi interior? Lo aparto un poco y con algo de dificultad me incorporo, muevo mis sabanas y bajo mis piernas al suelo. Tommy me mira con una gran sonrisa, su asombro aumenta mi determinación. Alcanzo las muletas y las pongo en mis axilas.

—Ahora sí, campeón, ¿cómo era el movimiento?

Tommy se levanta con una agilidad impresionante, se pone a mi lado y me dice:

—Solo agarras un poco de equilibrio, plantas la muleta y avientas tu cuerpo hacia delante y te apoyas con la otra.

Con mucho esfuerzo lo empiezo a seguir, titubeante en un principio y poco a poco con más agilidad. Recorremos varios pasillos del hospital, está feliz de verme caminando. Al paso de una media hora regresamos al cuarto, estoy exhausto pero feliz. Sé que voy a salir adelante.

—¿Me preguntaste sí creo que Dios es malo?

Abre sus ojos como platos, esperando mi respuesta. Conteniendo el aliento y la emoción.

—¿Cómo puede Dios ser malo si te puso en mi camino?

Suelta sus bastones y me abraza una vez más.

kid-tommy-2

—Creo que estás listo —Me dice con seriedad—. No olvides este sentimiento nunca y sobre todo, pasa la voz.

Un leve sopor me inunda y caigo en un profundo sueño. Cuando despierto Tommy no está. Sus bastones recargados en la pared me dicen que ya no lo veré más. Aprieto el botón de comunicación con insistencia hasta que una joven enfermera llega a revisarme.

—¿En qué lo puedo ayudar, Sr. Hernández?

—¿Tommy?

Con una gran sonrisa me toma de la mano y guarda silencio, un silencio que habla a borbotones.

—¿Esta listo ahora? —pregunta.

—Necesito que me ayude a llegar a la sala de fisioterapia. Es tiempo de que supere esta prueba.

La veo alejarse y me siento contento. Cuando regresa con la silla de ruedas estoy más que convencido de que voy a estar bien.

 

**********************************

Revisando mis escritos, me encontré un folder con dos relatos, ambos del 2015. No los recordaba y estaban en una carpeta que no reviso. Me puse a leer este texto y, como todo papá cuervo, me gustó mucho y pensé que sería buen colofón para cerrar este 2016 en lo que a relatos en el blog se refiere. No recuerdo como salió el tema, la idea de los ángeles en la tierra ha sido siempre una fijación en mi mente, pienso que ahí encontró raíces este relato. ¿Qué puede ser más cercano a nuestra idea de un ángel que un niño? Espero les haya gustado.

Deseo que tengan un cierre de año maravilloso y espero seguir contando con sus visitas en el 2017.

José Torma

p.d. las imágenes no son de mi propiedad

 

 

 

 

 

 

Advertisements

One thought on “Tommy

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s