Memory lane

campamento

Con paso lento, el poeta recorre el campamento abandonado. Las viejas cabañas se sostienen precariamente. La hierba, sin ningún tipo de control, inunda las veredas y ensucia sus recuerdos. Siente el peso del libro inconcluso en su bolsillo, pesando como ladrillo. Cuánto desea no haberla perdido: la musa lo había olvidado y el temor se ha apoderado de su vida.

Sostenido apenas por un clavo, el número ‘5’ se balancea sobre el dintel, la vieja madera cruje bajo su peso. El rechinido de la puerta al abrirse lo regresa a su niñez. Cuatro años había asistido al campamento “Nuráami[i]. Los más felices de su vida. Aquí no era huérfano, no tenía medios hermanos y sobre todo, no era el único escritor y poeta. Siempre fue un niño tímido, la muerte de su madre había marcado su vida y la llegada de su madrastra lo había relegado a la introspección, su escape eran las letras. Las historias que salían de su mente lo transportaban a mundos donde no era él, ahí donde su valor no se veía disminuido por el acoso del que era víctima en su hogar.

 

Su pasión por las letras es herencia de su madre que desde muy chico lo sentaba a leer con ella, le delineaba las palabras y le hacía repetir sonetos y pequeños versos. El libro en su bolsillo es el último recuerdo que tiene de ella, un homenaje a su memoria. Perdido en sus recuerdos empieza a notar un pequeño ruido, que poco a poco va creciendo hasta convertirse en barullo. Un sonido conocido llega a sus oídos nomas abrirse la puerta.

“¿sería posible?”.

La algarabía de cuatro niños llena el ambiente.

—Vamos Ezequiel, que te estamos esperando —dijo Renato al verlo entrar—. Ya Joaquín tiene lista su historia y Manuel escribió unos versos. No riman, pero tu finge que sí, ¿de acuerdo?

Su litera esta deshecha como es su costumbre y alrededor de una mesa, estan sus mejores amigos.

—¿Qué te pasa tío? —Le pregunta Renato, exagerando su acento español—. Pareciera que has visto un fantasma.

—Eso me temo, chicos. ¿Dónde está Gustavo?, seguro ya fue con el chisme ¿no?

—No le hagas caso a ese pesado, te tiene envidia porque Susana se pira por tus versos. Él no puede siquiera rimar canción con habitación.

Todos ríen ante el comentario.

—Tengo un problema —dice—. He perdido mi musa, no puedo terminar este poema.

—¡No me jodas con eso otra vez! —exclama Joaquín, con ese talante que tanto presume y les divierte—. Tú siempre sales con la misma y luego entregas el cuento sin sudar. ¡Que te crea tu abuela lo de la musa!

Seguido toma el balón de futbol.

—¿Qué tal un partido antes de la cena?

Joaquín es un líder nato y, aunque en la cabaña el coordinador es él, los chicos le siguen sin dudar. El sol empieza a declinar y una suave brisa se levanta del lago. Ezequiel sabe que es un sueño, pero se siente tan real, que le cuesta trabajo separar la realidad de la fantasía. Renato le pasa el balón y saca un centro que intenta rematar Joaquín.

—¡Más abajo!, sabes que soy chaparro y tiras el balón a cien metros de altura –grita molesto—. A ver si pones más atención.

El partido no tiene fin y nadie sabe el marcador. Un grupo de niñas se acerca a ver la partida, Susana viene entre ellas. Es la niña más linda de todas, lleva el cabello siempre en una cola de caballo, con un listón rojo que él le regalo el verano pasado y ve contento que ella aún conserva.

—¿Cómo van chicos, quien gana? —pregunta a nadie en particular, pero su vista está centrada en Ezequiel—. Ya va a sonar la campana para la cena. Deberían cambiarse, sé que pedirles que se bañen es tiempo perdido –dijo mientras las otras niñas ríen.

Él se separa del grupo y va con ella. Son chicos para ponerse etiquetas, pero él sabe que es su novia. Con timidez toma su mano, suda al igual que la suya, pero eso a ellos no les importa.

—¿Volviste a pelear con Gustavo? —Le pregunta, muy seria—. Sabes que es un bravucón.

—No quiero ser un cobarde, por eso peleo, pero es más grande que yo.

—No lo eres: él es un agresivo, por eso no tiene amigos, siempre anda buscando a quien molestar. Es mala suerte que siempre te toque de compañero de cabaña.

—La trae contra mí, dice que soy un marica, es igual que mis hermanos.

Susana lo detiene y le lleva la mano a su pecho.

—Eres una persona buena, y eso lo intimida, por eso te provoca. No permitas que te moleste su mala leche.

—Te escribí algo —dice intentando cambiar de tema—. Me gustaría lo leyeras, no está terminado, es un poema, se llama “El lago y tu”, creo que he perdido la inspiración, o el valor para terminarlo.

Levanta la vista del suelo y ve que Susana no le está escuchando, levanta la mano y apunta hacia el agua.

—Se ahoga Gustavo. ¡Auxilio! —grita.

Sin pensarlo dos veces, Ezequiel sale corriendo hacia el agua. Es el mejor nadador del campamento y de cuatro fuertes brazadas llega al lugar donde el chico se hunde. Se le acerca por la espalda e intenta sacarlo, pero la desesperación de Gustavo es tanta que no logra asirlo. En su frenesí le golpea en el rostro mientras él trata de sujetarlo del cuello, pero todo es inútil, ambos se empiezan a hundir.

Despierta en la enfermería, le duele mucho la cabeza. Intenta levantarse, pero el medico se lo impide.

—Tienes que descansar, fue muy estúpido arriesgarte así.

—¿Gustavo…?

—Él está bien, el salvavidas logro sacarlos a los dos. ¿Sabes que fue una tontería lo que hiciste verdad? Tenemos gente capacitada, tu osadía casi les cuesta la vida a los dos. Pero no todo es malo, el consejo delibero y te han dado esto.

Ezequiel ve el objeto en la mano del doctor, es pequeño y reluciente.

—¿Qué es? —pregunta con voz débil.

—Es el pin de la valentía, se requiere valor para hacer lo que hiciste, o ser muy estúpido.

—¡Susana…!

—Ha estado afuera, quería entrar pero no se lo hemos permitido. Tuvimos que hablarle a tu padre, ¿sabes que es reglamento no?

—Pero, seguro me va a sacar del campamento.

—Es necesario, tu padre insiste en que se te hagan estudios que no puedo hacer aquí, estoy tranquilo que estas bien, pero él quiere asegurarse. No es mala idea una segunda opinión, estuvieron bajo el agua casi dos minutos.

—¿Podría verla?

—Ya la llamo, pero solo un segundo. Ya todos deberían estar en sus cabañas.

Susana entra despacio a la habitación, en su mano lleva un papel que reconoce como el poema que le escribió.

—¿Lo leíste?

—Es muy bonito, gracias. Todos están hablando de ti, no comprenden porque te arriesgaste por, Gustavo, después de cómo te trata.

—No lo sé, fue algo superior a mí, cuando menos pensé ya estaba en el agua, pero no sirvió de nada, no le pude ayudar.

—¿Entiendes ahora que no eres un cobarde?

Le toma de la mano y el siente la familiar humedad. Sus ojos se van cerrando, lento al principio y una pesadez se apodera de su cuerpo.

—Susana…

Los colores cambian y está en la vieja cabaña. Sale a la parte trasera y camina hacia el oxidado banco. Cuenta quince pasos y ahí desentierra una pequeña caja. Con premura revisa los papeles y coteja fechas. Cartas de todos sus amigos, pequeños recuerdos atrapados en esa capsula del tiempo y al fondo, con un poco de óxido, el viejo pin. Lo toma entre sus manos y saca el libro de su bolsillo. Ahora si sería valiente. Tenía la parte que le faltaba. Escribiría la última página de la novela.

Toma la pluma y escribe. Luego, saca su celular y marca el número de casa.

—¡Terminé, Susana!, tenías razón, no lo perdí, siempre estuvo aquí.

Apenas escucha lo que dice su esposa. Sabe que en algún lado, sus amigos sonríen, contentos de que haya podido llegar a la palabra “Fin”.

poeta

[i] Líder en idioma Raramuri

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Hola amigos.

El texto que precede estas letras, fue lo primero que escribí para la escena 39 del taller de #Literautas. Salió muy extenso y al tratar de recortarlo a 750 palabras, siento que quedo flojo, por lo que opte no mandarlo y revisarlo a la versión que ahora presento. ¿Qué les puedo decir? Es mi cuento y a mi me parece muy bueno. Creo que muchas veces tenemos que buscar en nuestro pasado, para lograr la solución a un problema que nos aqueje en el presente.

Espero lo disfruten, tanto como disfrute aporrear estas teclas para escribirlo.

José Torma

p.d. las imágenes no son de mi propiedad.

p.p.d. El título en inglés, es debido a mi inhabilidad de encontrar una traducción que genere el evocativo que en mi mente bilingüe sugiere el título. Espero no me lo tomen a mal

 

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