Querida Laura

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“Querida Laura.

Perdona lo informal de mi trato, pero hoy más que nunca me siento tan poco poeta que las rimas no me cuadran y todo termina en “ción”. Los recuerdos de tus besos me invaden y me nublan la razón, ¡no puedo vivir sin ti! Espero todo vaya bien en tu campamento o donde quiera que estés.

¿Me podrás perdonar? Aquí doy vueltas y vueltas como león enjaulado. Fui un estúpido, eso lo tengo muy claro, no fue mi mejor momento y lo acepto; los celos me ciegan y, aún hoy, no creo tenerlos bajo control.

Mi abogado dice que buscará que la sentencia sea menor, “enajenación mental”, dice que hay atenuantes que tal vez no me manden a la silla. Si, lo sé, no los hay pero me aferro a lo que sea. Quieren que denuncie al Don, pero no estoy loco, aunque estoy tomando terapia, esta semana no he tenido problemas, creo que el catorce fue mi última pelea.

 

 

Ahora entiendo que no me engañaste, que si era “solo un amigo”, créeme, por las noches aún veo su sangre en mis manos. Gritó mucho, más de lo que pensé. No te miento, en un principio no creí tener la fuerza necesaria, pero al final cayó, como caen todos. ¿Recuerdas al gordo de la carnicería?, él fue el primero y no pareció molestarte mucho, es más, me agradeciste que te lo quitara de encima, el tipo era un ‘jodón’. No creo que ayude a mi defensa esto que platicamos, pero entre tú y yo no puede ni debe haber secretos. ¿Estas limpia de pecado? ¿La Susana no tuvo un accidente verdad? Somos el uno para el otro, no sé porque al final te niegas a verlo. ¿Aún utilizas la navaja? Somos asesinos a sueldo, no eres mejor que yo, no en el fondo.

Desearía me contestaras, envío estas cartas a la casa de tu madre, mas no sé dónde te encuentras. Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo la sensación del sol en mi cara. Mañana se cumplirán dos años, me acusan de cinco crímenes, Pero del único que tienen pruebas es de tu amigo Damián. Si te soy sincero, creo que arderemos en el infierno y si tan solo creyera en un Dios misericordioso, tal vez me arrepentiría, pero todo es una mierda.

Dime, ¿valió la pena denunciarme? Sé que piensas que soy un monstruo, pero, ¿Qué te hace eso a ti?, estuviste conmigo siempre. ¿Sabes que pienso? Que realmente amabas a Damián, ahora lo tengo más claro. Seguro me ibas a abandonar, ¿en realidad te sorprende mi reacción? Ojalá tuviera noticias tuyas, ¿Qué más habrás cantado, palomita?

Le solicité al director una visita conyugal, es lo menos que pueden hacer si van a freírme en la silla. Sé que mandó la solicitud, pero aún no tengo respuesta, no se siquiera si saben dónde estás. Mi tiempo se acaba, el excesivo entusiasmo del abogado me hace pensar que mi apelación será negada. Te conté que ya no peleo, pues es porque me pusieron en confinamiento. No quieren que alguno de los otros reos les gane la mano y me mate en el comedor, lo han intentado, créeme. Me llaman el ‘Poeta asesino’, que el estileto es mi arma favorita, pero tú y yo sabemos que esa no es mi arma favorita, esa la tienes tú. Me pregunto dónde la escondiste. Me está apresurando el guardia, supongo que tengo que terminar pronto, hicimos del asesinato un poema, tu y yo. ¿Cuántos fueron? Creo que perdí la cuenta después de Canadá, estuvo cerca, pero la manera como atacaste al detective Pearson aún hoy, hace que me den escalofríos de emoción.

Pero bueno, nada de esto es una confesión, son las voces en mi cabeza que me dictan y se contradicen. ¡Yo no he matado a nadie! Llegó mi abogado, en realidad espero contestes esta vez.

Santiago”.

En un pequeño pueblo de Texas, Laura lee la misiva. La arruga nomas termina y la avienta a la hoguera. Denunciarlo fue la parte fácil. Esto de vivir en el anonimato es lo que la está matando. Se levanta y del cajón de la cómoda saca un picahielos. Sigilosa se acerca al agente del FBI que sin percatarse, da una calada a lo que será su último cigarrillo. Siente el golpe en el cuello y voltea a ver a su asesina.

—Tengo una cita, agente —dice mientras suelta una carcajada, se agacha y le saca las llaves del auto.

 

************

Hola querido visitante.

Sabes, me pongo a pensar, ¿de dónde salió éste escrito? Y la verdad no tengo idea. Trabajé un texto para #Literautas que tenía que ver con las palabras “campamento, poeta y recuerdos”. Muy bonito, mi personaje buscaba su valor e inspiración perdida, revisitando un viejo campamento de lectura al que fue de niño. ¿Todo bien hasta ahí no? Pero se me acercó el día de cierre del taller y no lo tenía redondeado, ¿que hice?, me lancé por un relato nuevo. Al quince para las doce lo envié, sin revisar y sin nada. Ojalá no se noten mucho las fallas y por favor tengan a bien hacérmelas notar para corregirlas. Buscaré tener tiempo de terminar el anterior que espero sea mejor que esta cosa rara que salió de mi pluma.

Saludos a todos y si no tengo otra oportunidad, les deseo que pasen felices fiestas y agradezco sobremanera su visita y eventual comentario. Espero seguir contando con ustedes para el 2017.

Gracias.

José Torma

 

p.d. Texto de la escena 39 del taller Literautas.

 

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