Noctámbulos de Edward Hopper

_Noctambulos-Edward-Hopper

Como cada noche, Luigi llega al Phillies, siempre solo. El cordial saludo de Sam poco hace para alegrar su caído espíritu. Se cala el sombrero mientras estudia a la pareja que tiene enfrente. Ella es una mujer muy bella. Su vestido rojo se ajusta de manera perfecta a las curvas de su cuerpo, tan pegado que le enloquece y le hace desearla más que el mismo aire que respira. Le ama, de eso no tiene duda, pero no está sola, nunca está sola y él es muy cobarde para acercarse. El tipo tiene las dos manos sobre el mostrador y, nervioso, evita mirarla. Ella le da una larga calada a su cigarrillo y cuando exhala, él inhala hasta sentir el humo en sus pulmones, su íntimo beso, su unilateral conexión secreta.

Sam rellena su taza de café mientras le regala una sonrisa de complicidad. Es su pequeño secreto, nadie más sabe porqué asiste al Phillies todas las noches, siempre con la esperanza, con la ilusión de que llegue sola, de poder hablar con ella más allá del casual saludo.

Pero esta noche hay algo diferente en el ambiente, la manera en que ella fuma y la forma en que el parece ignorarla, demuestran una incomodidad casi hostil que hace elevar la tensión en el pequeño café.

—¿En verdad me dejas, te vas? —escucha preguntar a Nick.

La mujer pone el cigarrillo en el cenicero, al tiempo que nerviosamente da un sorboa su taza de café, toma aire y poniendo la mano en su brazo le dice:

—Es inútil seguir intentándolo, Nick, sabes que tenemos que aceptar que esto no está funcionando —el leve temblor en su mano desaparece al depositar la taza sobre el mostrador—, estamos en el mismo punto que hace un año. El teatro no funciona, requerimos una inyección de capital que no está a nuestra disposición y ni así tenemos seguridad de nada…

—Puedo hipotecar la casa de nuevo, Lauren, hablar con el ejecutivo del banco; tenemos que encontrar una solución.

—La gente no va al teatro, prefiere ver las películas, con sus aviones, explosiones y gorilas gigantes. El teatro está muerto, no podemos seguir ignorando la verdad…

—Pero… —Se detiene al ver la dureza de su mirada—. ¡Al cine!, siempre nos burlamos de las actrices plásticas del cine, y ahora tú quieres ser una de ellas.

—Una chica tiene que vivir, y solo tengo este tiempo, las oportunidades para una mujer se esfuman con el paso de los años—comenta despacio mientras saca su espejo para retocar su maquillaje.

—Los treinta son los nuevos veintes —la interrumpe—. Aún eres una mujer muy guapa, deseable.

Lauren toma su cigarrillo y, con parsimonia, lo lleva a sus labios, mientras le dedica una sonrisa que le hiela la sangre.

—Me voy, Nick —dice levantándose de la silla —. Es un hecho, salgo en el tren de las ocho de la mañana, me voy a California.

Y sin darle tiempo a responder, abandona el café.

Luigi la ve alejarse y contempla la estela de humo que su partida deja, intenta llenar sus pulmones de ese último suspiro antes de que se pierda para siempre en la noche. La va a perder, su oportunidad se difumina al igual que el humo de su cigarrillo.

Solo cuando escucha el lamento de Nick, es que su atención regresa a la otra parte del drama que se desarrolla enfrente de sus ojos.

—Dime, ¿qué hice mal, Sam? —pregunta Nick desconsolado—. ¿Qué más le pude haber dado?

—Señor McNamara, usted sabe que ese tipo de mujeres son difíciles de mantener; siempre quieren más. Usted le dio todo y en cuanto el dinero escasea, ¿se va? Se lo dije, señor, Lauren es callejera, siempre lo será…

Luigi siente que le hierve la sangre al escuchar las palabras difamatorias de Sam. Su diosa, su princesa no es una abusadora, una trepadora. Deposita la taza violentamente en el mostrador.

—¿Todo bien, jefe? —Le pregunta Sam—. ¿Le sirvo más café?

Luigi se pone de pie y le tira un golpe que lo toma por sorpresa y trastabilla hasta chocar con la vitrina a sus espaldas.

—Te prohíbo que hables así de la dama, aunque ella no esté presente.

Sam guarda silencio, mientras Nick se levanta contrariado.

—¿Quién demonios es usted? —pregunta con enfado mientras se retira—. ¿Con qué derecho se inmiscuye en los asuntos de otras personas, por qué nos sigue? —Retrocede asustado al ver que Luigi empuña un cuchillo que recién toma del mostrador.

Luigi está ciego de rabia y de dolor incomprensibles; apenas conoce a Lauren pero su interior hierve, siente rabia, dolor. Con paso lento se aproxima a Nick que camina hacia atrás hasta chocar contra la pared; sin perder nunca de vista el arma, el temor evidente en sus ojos que desorbitados fluctúan entre la cara de Luigi y el cuchillo que éste lleva en la mano.

—Le suplico que deje el arma, caballero; si con mis palabras lo he ofendido, le ofrezco una disculpa, seguro que podemos hablar civilizadamente.

Pero Luigi no escucha más, en su mente ve a Lauren subir al tren y alejarse de su vida, no la verá más en el Phillies, su soledad será total y todo porque éste estúpido no pudo, no supo retenerla, todo por el maldito dinero. Ciego de dolor levanta el brazo dispuesto a descargar el golpe letal sobre Nick, cuando escucha la voz de su princesa.

—¡Qué hace, imbécil! —grita frenética—. ¡Está loco!

Sin medir las consecuencias se interpone entre los dos hombres.

—¡No!, ¡espera! —grita Sam detrás del mostrador. Sin embargo, el reclamo llega demasiado tarde y en un instante su visión se pone roja, de momento no nota nada extraño. La mirada de sorpresa en la cara de Lauren, el grito de Sam y el pavor de Nick todo junto en un torbellino de circunstancias que su cerebro es incapaz de procesar. Lauren abre la boca intentando decir algo; un hilillo de sangre asoma por la comisura de sus labios y gotea sobre su vestido. Luigi baja la mirada y ve que el rojo de éste es más intenso alrededor del cuchillo que sobresale de su vientre.

Sam se aproxima y lo golpea. Lentamente cae al suelo, casi en perfecta sincronía con el cuerpo de Lauren, que al no estar sostenido por sus manos, cae libremente junto a él.  Es un sueño, una pesadilla.

—¡Corten! —Se escucha gritar la voz del director—. Se imprime; buen trabajo Luigi, muy realista.

Pero este no reacciona, está paralizado en el suelo junto a la actriz que acaba de matar, el cuchillo es real…

—No era de utilería—dice con voz imperceptible.

—¡Está muerta! —escucha gritar a Nick—. Llamen a la policía, a los paramédicos.

Algo se rompe en la mente de Luigi, sus acciones de los últimos minutos se forman en un bucle de tiempo interminable, la escena se desarrolla una tras otra sin parar. Intenta hablar pero tiene la garganta cerrada y solo un murmullo escapa de sus labios.

Cuando lo suben a la patrulla su mirada está perdida mientras repite sin cesar…

—¡No era de utilería!, no era de utilería, no…

El silencio en el set de filmación solo es roto por la sirena de la policía mientras se lleva a Luigi, La ambulancia parte en silencio, como lo hace siempre que no tiene apuro en partir.

*******

Mi primera participación en el taller de #Literautas, fue con ésta imagen. Teníamos que realizar un relato corto basado en lo que aquí se muestra. Me emocioné tanto que escribí 150 palabras y lo mandé, así sin revisar ni darle un tiempo de reposo. No me fue muy bien que digamos. Quiero pensar que he mejorado con el tiempo.

Este ejercicio, de repetir la imagen, salió de una necesidad de reivindicarme, ante mi mismo primero y ante mis lectores, si es que tuvieron la mala fortuna de leer el primer relato. Aprovechando que la iniciativa Crash Text Dummies #CTD, nos pedía un relato de amor o romance, pensé que este relato podría funcionar. Créanme o no, esta es mi propuesta de amor y/o romance.

Como siempre quiero agradecer a todas las personas que me honran con su presencia y en especial a Ana de Santiago.

Saludos.

José Torma

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3 thoughts on “Noctámbulos de Edward Hopper

  1. Desde el título nos muestras un guión cinematográfico, lo primero que pensé fue en Casablanca aquella película inmortal.
    Llevas muy bien la acción, estoy seguro que si te lo propones puedes mejorarla, dado que da para mucho más, sobre todo si nos muestras más los personajes, que no sean solo un nombre, en especial Nick.
    Me gustó mucho.
    Un abrazo.

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  2. José si el “varapalo” ha servido para hacer este relato, bien recibido, ¿no? Yo también participo desde hace poco en los talleres de literauta y los compañeros ayudan mucho a mejorar. Es un placer comentar los textos y recibir las propuestas de mejora o las felicitaciones, yo pienso que así se aprende.
    Un saludo y te seguiré leyendo.

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