Al final del día

 broken man

Eutimio cerró el portafolio, «another day, another dollar», se repetía mientras subía a su Porsche. Miró al indigente que últimamente estaba en el mismo lugar; todos los días pidiendo“para comer”.

Con desdén aventó unas monedas en su sombrero…

—Gracias, caballero —obtuvo por respuesta—, que tenga un excelente día.

Apenas lo escuchó, era un hombre ocupado y no podía detenerse ni a pensar, «demasiado análisis crea parálisis», era su mantra. Aventó su portafolio al asiento trasero, mientras encendía el auto. Éste era su jaula de oro, deportivo del año, «rojo pa’ que corra más rápido», se decía mientras el viento desordenaba su cabello.

—¿Comerás hoy con nosotros? —preguntó su esposa al verlo llegar a casa—. Tony preguntaba si lo llevarías al club.

—No aceptan niños—contestó fastidiado, sabiendo que mentía—. Ya habrá otra oportunidad de llevarlo a otra parte.

—¡Carajo contigo!, promesas del tiempo que te sobre, ¿eso es lo que le ofreces a tu familia?

—¿Te molesta que trabaje tanto? ¿Acaso te falta algo?

—Tu hijo necesita de tu tiempo, no de tu dinero.

—No lo parece cuando está como idiota con el XBox —terminó de cambiarse—. Voy tarde, nos vemos en la noche.

—Ojalá no sea tarde cuando te des cuenta de lo que es importante en la vida.

—Me hartas con tus dramas —gruñó.

Marina guardó silencio, evitando la confrontación. Ya la vez anterior le había levantado la mano. Era como si no lo conociera. Todo era más importante que su familia.

Resignada se encerró en su cuarto, tomó el teléfono; ni el llanto de su hijo lograba sacarla de su depresión. Buscó el número que le había dado el investigador privado y marcó.

Eutimio aventó molesto el celular al asiento del pasajero al no obtener respuesta; distraído, no vio salir al anciano para cruzar la esquina hasta que le golpeó con el auto. Maldiciendo se detuvo para revisar que su auto no hubiera sufrido daño. Con la palma de la mano revisaba para notar alguna abolladura. Escuchó un gemido de dolor y por fin puso atención a la persona que había atropellado.

—¿Está bien? —preguntó molesto—. Tome este dinero y aquí no ha pasado nada —le dijo mientras le aventaba unos billetes al suelo.

—Gracias caballero, que tenga un excelente día.

Guardando su cartera volvió al auto, maldiciendo otra vez su mala suerte, tendría que ir al taller a que le sacaran el golpe, lo bueno es que no se había despostillado la pintura. El timbre de su celular le hizo cambiar de humor ante la perspectiva del próximo encuentro con su amante.

—¿Eutimio? —se escuchó la voz temblorosa de Leticia—. Eutimio, lo sabe todo, acabo de colgar con ella.

—¿Qué es lo que dices, te llamó? —presionó más fuerte el acelerador—. ¿Qué le has dicho?.

—Nada, te lo juro, solamente colgué. Me prometiste que la dejarías…

—¿Y perder la empresa?, no puedo perder el apoyo de su padre, no en estos momentos de expansión.

—Pues ahora lo sabe y me amenazó…

Eutimio tomó la ruta más rápida para regresar a su casa, tenía que lidiar con el problema. ¿Cómo se había enterado?, seguramente fue su padre.

Llegando a casa no se molestó en poner el auto en la cochera, bajó corriendo. Un viejo jardinero intentó quitarse de su camino pero aun así lo arrolló.

—¡Hágase a un lado, por favor! —le gritó mientras lo empujaba.

Entró como vendaval a la estancia.

—¡Marina! —gritó, pero solo el eco de su voz tuvo por respuesta. Buscó infructuosamente por toda la casa. Su auto estaba en la cochera, pero pronto descubrió que su ropa y la de Tony no estaban. Salió al jardín a preguntar al jardinero si los había visto.

—Ay, Eutimio, siempre tan ocupado, lo recuerdo tan bien.

—¿De qué está hablando, me conoce acaso?

—Más de lo que crees —dijo mientras lo miraba a los ojos…

Solo entonces se percató de su intenso color azul, su mente brincó al indigente, al anciano al que había atropellado. ¡Era él mismo!.

—Hoy es el día que nuestra vida se fue al carajo —dijo el anciano con tristeza.

—Está loco, esto no puede estar pasando, yo nunca acabaré así…

—Cuando todo termine, cuando tus pasos sean más cortos intentando no llegar; ¿sentirás remordimientos, buscarás redención o partirás dignamente al infierno?.

Los ojos de Eutimio se llenaron de lágrimas, cayó hincado sobre el pasto recién cortado. Tal vez tuviera una oportunidad, tal vez no fuera demasiado tarde… pero sabía que lo era.

Primer taller del año en http://www.literautas.com/. Una historia corta que incluya las palabras… Sombrero, Jaula y Teléfono. Tengo dos historias pero me decidí por esta. Espero les guste.

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5 thoughts on “Al final del día

  1. Muy buen relato, Jose. Menudo tipejo has dibujado y menudo futuro le espera. Un relato con un ritmo trepidante, pero con sentido y razón. Utilizas un estilo directo, sin explicaciones innecesarias: mostrando.
    Dos pequeñísimas sugerencias:
    1. Utilizas en tres ocasiones el término “aventó”. Es un término no demasiado usual y me ha destacado del léxico del resto del relato. Creo que podrías buscar algún sinónimo para usarlo solo una vez.
    2. Cuando introduces a Leticia en esta intervención: —¿Eutimio? —se escuchó la voz temblorosa de Leticia—. Eutimio, lo sabe todo, acabo de colgar con ella. Apenas has mencionado el nombre de la esposa antes. Una sola vez y, al leerlo he tenido que ir atrás para asegurarme de que no era su esposa hasta ese momento. Para dejarlo más claro podrías sustituir la segunda parte de la intervención, más o menos así: Eutimio, acabo de hablar con tu esposa. Sabe lo nuestro.
    Dos cosillas pequeñas en un muy buen relato. Felicidades

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    • Que tal David, que gusto tenerte por aqui y mas con estas palabras tan halagadoras. Como siempre, le pegas justo al blanco, esa linea me dio problemas y la re escribi como 3 veces, pero creo que admitia una cuarta.

      De la palabra aventó, ni me fije jaja que lio.

      Pero muchas gracias por pasarte y tendre en cuenta tus comentarios.

      Saludos

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  2. Muy bueno, José. Yo vengo de Literautas y quiero pregntarte algo.
    ¿Tú usas guiones largos siempre para hacer los diálogos? Porque tengo esa duda y sé que los guiones largos no se usan todo el tiempo pero veo que muchos escritores lo usan.

    Saludos desde Argentina y ¡Feliz año!
    El ciervo alado

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