Nictofobia

Adrián apuró el paso, no le gustaba llegar tarde a su departamento. El detector de movimiento que iluminaba el pasillo siempre fallaba y temía el largo recorrido hasta su habitación. Lo peor era cuando las luces se intentaban encender sin conseguirlo. Las paredes de un amarillo deslucido le daban un ambiente tétrico a plena luz del día, pero, ¿de noche…? la cosa iba a peor. No recordaba de cuándo tenía el miedo a la oscuridad.

De niño dormía siempre con la puerta del armario abierta «para que no se escondan los monstruos», le decía a su madre. Pero en realidad sus monstruos habitaban en las paredes y en los rincones oscuros. No pudo dejar la luz infantil hasta entrado en la adolescencia. Su ingreso a la universidad le produjo un cambio que pensó le serviría para controlar sus miedos… hasta llegar al pasillo con el sensor descompuesto. La ansiedad empezaba a invadirlo a la vez que su respiración se hacía agitada. El cielo se fue cerrando, el pronóstico de lluvia sería acertado.

Llegó a la calle Madero justo cuando las primeras gotas de agua empezaban a caer sobre su cabeza. Cruzó el umbral deseando con todo su palpitante corazón que la luz se encendiera. En ese instante un fuerte rayo hizo que se fuera la luz por completo. El sonido del latido de su corazón pegando contra su pecho le reverberaba hasta los oídos, con la quijada trabada intentaba no castañear los dientes como si estuviera en el Ártico.

La poca iluminación que llegaba de las lámparas de la calle desapareció y se vio envuelto en la total oscuridad. Los monstruos de su infancia le hablaban desde las paredes… «¡Te atraparemos! ¡Estamos bajo tu cama! ¡Baja la sábana súper protectora y saluda!» y así cada uno de sus demonios le daba la bienvenida mientras con paso vacilante avanzaba por el pasillo. Su mano rozó la imagen de la Virgen María que adornaba el muro que daba al pasillo del patio. Esa imagen cálida que siempre lo despedía en las mañanas, se transformaba en su mente en una repugnante bruja que se reía a carcajadas… «¡Ven Adriancito, nada te pasará!» y la risa… ¡Dios, la risa!

Separó la mano y trató de controlar su respiración. Su instructora de yoga lo animaba siempre a buscar su centro, su lugar seguro; pero los monstruos se separaban de las paredes y lo acosaban. Un roce sobre su pierna precedido por un grito aterrador le heló la sangre. Su garganta cerrada intentaba pronunciar palabra, gritar que lo dejaran en paz. Pero solo un sonido ahogado salía de sus labios.

El crujir de una puerta. Otro monstruo que se acercaba. Sintió una garra que se posaba sobre su hombro y los latidos de su corazón cerraron sus oídos, la presión sobre sus quijadas le hizo quebrar un diente. Un fuerte dolor en el pecho le hizo desfallecer y al ir cayendo al suelo vio cómo la luz regresaba; cuando su cuerpo golpeó el piso, notó al gato de Julián que ronroneaba sobre su pierna. La cara de preocupación de su compañero de cuarto que aventaba la vela para agacharse a auxiliarlo… y mientras la conciencia escapaba de su cuerpo, comprendió que los monstruos habían ganado, que su exaltada imaginación lo había vencido y mientras Julián le tomaba la mano exclamó:

—¡Los monstruos sí existen!

p.d. Estimado y espero asiduo lector. El tema del miedo o terror de este mes en el taller, probó ser más complicado de lo que anticipé. Por un momento consideré mejor no participar, pero creo que hubiera sido un error. Aun si no es bien recibido, me queda el gusto de saber que lo intente. Saludos cordiales.

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3 thoughts on “Nictofobia

  1. Hola José,

    si te sirve de consuelo mi historia da menos miedo que la tuya, jejeje. Me alegra ver que pese a dudar has decidido participar, ya que aunque creas que el texto no te ha ido bien, otros no pensarán así, y podrás tener los comentarios de los compañeros para mejorarlo.

    No soy muy fan de los relatos de terror, así que poco puedo decirte para mejorar. (estoy esperando los comentarios de taller para mejorar yo también, jiji) Lo que si te puedo decir es como he visto el relato. No me ha parecido ver faltas de ortografía y el ritmo es bueno, pero no he llegado a empatizar ni con el prota ni con sus temores, y supongo que por eso no lo he podido vivir como un relato de terror/miedo. Me era todo ajeno. Se nota la falta de soltura en esta temática, pero tampoco me ha desagradado, la historia es buena pero no da miedo.

    Un abrazo. ¡Nos leemos!

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  2. Hola! Estoy de acuerdo con Wolfdux, quizás faltó un poco más de cercanía con el personaje, o tal vez insistir un poco más en la atmósfera… pero el relato está bueno; si te consuela, yo también estuve a punto de no participar, y en dos noches, a último momento, liquidé el cuento. Pero tampoco creo que asuste, ni mucho menos.

    Por cierto, me gusta el cambio estético que le hiciste al blog XD

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  3. Me gustó José. Me encantan las historias y leyendas de suspenso y terror. Así que agrega más historías de estás. Bendiciones y éxito.

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