Regata

—Te lo digo que no voy a poder. ¡Son 2000 metros!
—Yo pienso que si puedes. ¿Tú por qué dudas?
—Tengo todo en contra, estoy muy gordo y muy viejo…
—Ése no es motivo para no intentarlo.

Sé que mi autoestima me lo dice de buena fe, pero yo sé lo que puedo y no puedo hacer, sin embargo, me siento en la máquina remadora y ajusto las pedalinas.

—Tomen sus remos —dice el instructor—, a mi señal… ¡Remen!

Me suelto como loco, tengo una meta en mi mente, que no se la dije a nadie y a mi autoestima se la intente negar, pero… «¡Quiero ganar!».

Los primeros metros logro mantener una buena velocidad, pero mis paradigmas me empiezan a ganar. Cierro los ojos e intento evitarlos, pero el indicador de velocidad me dice que estoy fracasando… «Eres más fuerte de lo que crees». Pobre de mí autoestima, mira que venir a tocarle yo, difícil tarea.

Cierro los ojos y trato de agarrar ritmo, borro de mi mente a los competidores y me enfoco en ganarme a mí mismo, a nadie más.

Los abro y veo que llevo 1,000 metros remados, ¡Voy a la mitad! Con renovados bríos intento controlar mi respiración. Uno a uno mis competidores van terminando y yo solo tengo ojos para mi monitor que va descendiendo, de modo lento y pausado pero para abajo. De pronto soy el último, todos terminaron. Me pongo nervioso y quiero renunciar, aventar el mango y salirme a tomar una cerveza… ¡Tengo mucho calor!

De repente y de la nada, escucho una voz en mi oído, que no es mi autoestima, la pobre esta aporreada. ¡Esta voz es real…!

—¡Utiliza las piernas! ¡Vamos tu puedes!

Presto atención a mi entorno y escucho al instructor animándome, a toda la gente que no le importa que vaya en último lugar, que me están apoyando para que termine.
200 metros, 150 metros, ¡100 metros!

—¡Vamos José Luis, ya llegaste! —Escucho la voz del instructor y a la gente que empiezan a contar de 10 hacia abajo… 9… 8… 7…

De manera increíble veo que me faltan pocos metros y haciendo un último esfuerzo termino los dos mil metros. No lo puedo creer. «Nunca dude de ti». Intento levantarme pero las piernas me tiemblan…

—Espera un momento —me dicen—, y mientras intento recuperar el ritmo de mi respiración y bajar mi ritmo cardiaco, poso mi atención en el monitor… 9:20:7. ¡Lo logré, mejoré mi tiempo en un minuto! Por fin me siento seguro de ponerme de pie y salgo del remo, sabiendo que aún perdiendo…

¡Hoy gané!

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8 thoughts on “Regata

    • Hola Aurora, que bueno que pude reflejar esa lucha interna jaja, es biografica en un 90 %, el 10 % me tome libertades creativas jaja.

      Un abrazo y gracias por pasarte. No me quiero emocionar pero no mencionaste tildes… ¿acaso las puse todas?

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      • Siento decirte que alguna se coló donde no debía y otras eludieron su cometido, pero vas mejorando. Además, lo importante era la historia, lo otro son meras cuestiones técnicas ;P

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  1. Hola José,

    una historia magnifica, me ha gustado mucho ese diálogo interno. Referente a las tildes, leyendo no suelo prestarle mucha atención a las faltas ortográficas, ya que prefiero meterme de lleno en la historia, haciendo una segunda lectura y esta vez más detenida, si que he visto un par de cosillas tal y como dice Aurora. Yo suelo fallar mucho con ellas también, es más, creo que tengo una extraña obsesión en colocar tildes en “ques” y “comos” siempre que puedo, jeje…

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  2. No hay rival más duro que uno mismo. Has plasmado genial la lucha interna del personaje (la tuya). Me ha encantado y me ha gustado especialmente el final, eso de ganar aun habiendo perdido.

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