Juan y Gloria

Siempre buscando detonantes para escribir, lo que sea, bueno o malo, en el grupo de whatsapp salió la idea de escribir relatos cortos a partir de dos palabras sugeridas. En éste caso fueron “carta” y “llanto”. Aquí está lo que se me ocurrió.

Saludos

Revisó su reloj y comprobó que eran cinco menos diez, las nubes decidieron en ese momento empezar a verter sus lágrimas sobre Nueva York. Una vez más el agua lo tomó por sorpresa. Lento siguió caminando por la avenida, divertido al ver a la gente correr; como si por ese hecho se fueran a mojar menos. No disfrutaba la sensación de estar mojado, pero le agradaba la lluvia sobre su rostro. Servía para disimular su llanto, sus lágrimas. Levantó la mano al ver acercarse a un taxi.

—A la calle 27 y Segunda por favor —El chofer arrancó sin dirigirle la palabra.

Sumido en sus pensamientos, no se da cuenta de la multitud que se está agrupando al final de la calle, solo cuando escucha el gruñido del taxista, reparó en lo que estaba pasando.

— ¡Malditos alborotadores! —Le escucha gritar, mientras el ulular de las sirenas se dejaba escuchar en medio de los relámpagos.

Pronto fue evidente que el taxi no iba a poder moverse en un buen rato. Dejando un billete de 5 dólares, se encaminó en dirección contraria a la multitud. Metió las manos en sus bolsillos y ahí estaba. La sacó con desesperación para volver a leerla…

 

“Juan, espero que entiendas que no es mi intención herirte, no es cuestión de cariño, porque tú sabes que yo te quiero. Pero no puedo seguir viviendo así, con la inquietud y la zozobra de pensar, ¿Dónde estarás? ¿Llegaras a casa? Lo hemos platicado muchas veces, pero tu alcoholismo y tu adicción a las drogas es más de lo que estoy dispuesta a soportar. Te llamaré cuando me haya establecido en Baltimore, por favor no me busques mas; pasaré a recoger mis cosas en la tarde, para que por favor no estés en el departamento.
Gloria”

 

Terminando su lectura la arrugó para lanzarla en un contenedor de basura, pero se detuvo un segundo. Gloria venia corriendo hacia él. Su cara de angustia hizo poco para serenar su inquietud, su angustia. Ella pasó a su lado sin percatarse de su presencia. Presurosa se encaminó hacia la multitud. Varias patrullas estaban acordonando un área de la calle. La ambulancia luchaba por abrirse paso, pero la multitud hacia la tarea complicada. Corrió tras ella, pero la perdió de vista al dar ella la vuelta en la esquina del edificio de apartamentos de la Calle 8.

Le sorprendió el silencio profundo que se dejo sentir al apagar la sirena la ambulancia. La gente se fue abriendo mientras el pasaba, buscando a Gloria con la mirada. La vio forcejando con un policía, se acercó a auxiliarla, pero ella se liberó antes y corrió al frente del edificio, se agachó a la vez que gritaba. No pudo contenerse más y corrió a abrazarla a consolarla por lo que fuera que la hacía gritar así, pero al llegar se vio a sí mismo tendido en un charco de su propia sangre, la carta fuertemente apretada en el puño derecho, ahora lo comprendía todo.

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