El Niño y el Mar

El niño sintió el agua del mar mojar su pie y tímidamente lo retiró, se sentía fría. Levantó la vista y se paró de puntitas para ver si podía ver donde terminaba la mancha azul que su padre llamaba océano.

Seguía maravillado el ir y venir de las olas. Le llamaba poderosamente la atención ver como al llegar a la playa, se rompían y formaban una espuma, como la que hacía el jabón, solo que esta no duraba.

Tímidamente dio un paso para permitir que el agua le bañase los pies, estaba ligeramente “menos fría”.

—Ten cuidado José— gritó su madre—. No te acerques demasiado.

Escuchó sus palabras pero el mar lo atraía. Sentía su fuerza y no podía explicar el por qué.

Ensimismado, no advirtió la mano pequeña que le tomaba la suya y lo jalaba.

—Ven— le dijo la niña—. Vamos a jugar

Era una niña muy bonita y traía un balde y una pala para jugar en la arena.

—Vamos a hacer un castillo— le dijo—. Me llamo María.

Riendo los dos pusieron manos a la obra y pronto habían construido un gran castillo con 4 enormes torres y un puente que hicieron con unos maderos que estaban tirados por ahí.

—¿Sabes que le falta a este castillo?— preguntó—. Pues agua en el pozo.

José tomo el balde que la niña le entregaba y valientemente se dirigió al mar. El agua seguía fría pero él tenía una misión. Sin importarle la temperatura del agua dio dos pasos para poder llenar el cubo. Levantó la mirada y se sintió pequeño, más que antes, una gran ola se acercaba. Sintió como el agua se retiraba de sus pies y paralizado solo atinó a cerrar los ojos mientras el agua lo envolvía. Luchó para poder ponerse de pie, pero la fuerza de la ola lo arrastraba y mientras más esfuerzos hacia para levantarse, mas parecía el mar decidido a llevárselo. En su desesperación abrió la boca para gritar, pero el agua salada le invadió la garganta ahogando su grito; de repente, sin saber bien lo que pasaba, se vio sobre la arena; con paso lento y tembloroso intento ponerse de pie. Vio a su amiga que hacía gestos y levantaba las manos, pero no escuchaba nada. Una nueva ola lo recogió y lo reclamo para el océano. Estaba cansado de pelear.

Por segunda vez estaba sobre la arena. Aún conservaba el balde fuertemente sujetado en su mano derecha. Se sentó y reprimió las ganas de vomitar por el sabor salado que el mar había dejado en su boca. Sus lágrimas se sentían frías sobre sus mejillas. Levantó la mirada y vio cómo su madre venia corriendo de la mano de María. Intento una sonrisa, cuando la fuerza del mar lo arrastró una vez más. El cubo se soltó de su mano y en una irracional respuesta de su confundido cerebro, pensó —¿Cómo se lo voy a pagar a María?—. La fuerza del mar ya no lo sorprendía y una vez mas lo arrastró, ya no tenía fuerzas para intentar levantarse y aunque había pataleado en la alberca, no sabía nadar. Cerró fuertemente la boca y los ojos para evitar el escozor del agua salada y poco a poco se fue hundiendo.

Sabía lo que era la muerte, su perro había sido atropellado y su padre le explicó porque ya no iba a poder seguir jugando con él. Que ya estaba tranquilo y  feliz en el cielo de los perros.  La tranquilidad que lo invadía le hizo recordar eso y pensó <<Esto debe de ser el cielo>>.

Mientras su cuerpo se seguía hundiendo abrió los ojos una última vez tratando de ver el cielo. Pero solo había agua sobre él. Toda la lucha había abandonado su cuerpo y cuando creyó estar llegando al cielo de los niños, sintió un fuerte tirón en su brazo. Lucho para zafarse, pero no pudo. Sintió como unas uñas se le enterraban en el brazo hasta hacerlo gritar de dolor. Un esfuerzo más y su madre lo había rescatado.

—¿Estas bien?—. Preguntó asustada.

—Sí, pero estoy cansado. ¿Nos podemos ir ya?, yo creo que ya se acabó el juego.

Su madre lo puso de pie sobre la arena y juntos se fueron tomados de la mano. José volteó a ver el océano y después de limpiar sus lágrimas asemejó el saludo que había visto en las películas, se llevó la mano a la sien en señal de respeto.

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One thought on “El Niño y el Mar

  1. Me gusto este cuento mas no su final. Para mi hubiera sido mejor que Jose se retirara del mar solo con la mirada mientras limpiaba sus lagrimas.

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